TATIANA ABELLÁN

A PERPETUIDAD

Comisariada por Juan Francisco Rueda


22.12.2022 – 27.1.2023

A perpetuidad se constituye como una suerte de retrospectiva del trabajo que viene desarrollando Tatiana Abellán desde 2012, caracterizado, en gran medida, por la alteración material de fotografías antiguas que, devenida manipulación semántica, le permite operar en distintos registros interdependientes: la certeza de la fragilidad tanto de la vida como de la memoria, construida ésta, en ocasiones, mediante indicios del pasado como la imagen fotográfica; el ensayo de la alteridad y la fabulación –los relatos ficcionales que proyectamos- a partir del cotejo de esas imágenes; así como la puesta en práctica de un ejercicio metafotográfico, una sutil y rigurosa, para con la historia de este medio, revisión y visitación de elementos y nociones constituyentes de esta disciplina que adquieren en nuestra contemporaneidad una absoluta pertinencia. No deja de ser curioso cómo sus dos últimos proyectos, A perpetuidad y Recibo la tuya, que se mostrarán por primera vez en esta exposición, en los que se aleja de la imagen fotográfica para adentrarse en una enunciación otra de la memoria, concretamente a través de la palabra, ya sea de los epitafios de lápidas mortuorias o en la literatura epistolar desarrollada a través de cientos de cartas manuscritas que Doña Elvira Sánchez de la Orden Castrillo de Cavia le escribió a su prometido, Juan Peris Masip, entre 1896 y 1902, detonan este viaje por una década de creación y reflexión en torno a la fotografía. La disolución de la imagen en estos últimos proyectos ha permitido –diríamos que como lógico efecto- recuperar numerosos proyectos anteriores en los que precisamente operaba sobre la precariedad, lo efímero y la disolución material de las imágenes fotográficas. En todos ellos, de los cuales comparecen aquí cinco (La imagen que resta, Memoria líquida, La niebla de la memoria, Cinerarias y Encarnados), la imagen fotográfica nunca desaparece por completo, sólo se transforma. Tal vez sea una metáfora de los recuerdos, que no desaparecen sino que se transforman, actuando la memoria no sólo como repositorio, sino como agente reconstructor. Asumámoslo, fotografía y recuerdos, aunque frágiles, son inextinguibles, nos acompañan a perpetuidad.

Juan Francisco Rueda

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