Celia Macías_Evasión o victoria. 2019 Fuji film intax wide. 9,2 x 11,2 cm.

 

La fotografía, en general, ha perdido en los últimos 5 años cualquier magnitud asible. Son tantas las imágenes que se hacen, circulan, mueren y vuelven a nacer en apenas un segundo que parece haber perdido cualquier sentido pararse ante ellas. Diríamos, siendo nihilistas, que el artista ya no tiene nada que hacer, la persona fotógrafa ya no tiene sentido. Pero al igual que la pintura nunca murió la fotografía no va a dejar de ser refugio de artistas. Que todo el mundo produzca y consuma imágenes a cada instante no es un obstáculo, solo estaremos cada vez un poco más ciegos, pero nada más. Es precisamente ahora, cuando ya todo está tan lleno de imágenes que vivimos dentro de ellas, cuando trabajos como el de Celia Macías se convierten en necesarios.

“Evasión o victoria” es un trabajo de instantáneas con vocación de perdurar. La búsqueda de Macías puede parecer desordenada pero está llena de intuiciones y sobre todo de pequeñas historias por contar. Con esta exposición hemos querido poner en juego algunos elementos narrativos evidentes como son la composición en viñetas, la repetición de elementos o la fragmentación de momentos y lugares. Estos juegos de asociación no se han dejado al azar y no son nuevos porque ya estuvieron presentes en la mesa de instantáneas de la planta baja de la exposición en esta galería “Sin Maquillaje” (2014 comisariada por Fer Francés)

Las instantáneas supone ya un formato en sí mismo; además de la complejidad química, y en cierto modo mágica, que conllevan se relacionan con la naturaleza de una manera particular. En palabras del cineasta Wim Wenders, fascinado por la instantánea escribía en su diario con motivo de la exposición “Instant Stories: Wim Wenders‘ Polaroids“ (2017, The Photographer’s Gallery, Londres) que este formato se trata de un “original, un objeto singular propio, no una copia, no una impresión, no multiplicable, no repetible. No podías evitar sentir que habías robado ese objeto-imagen al mundo y transferido un pedazo del pasado al presente”

La instantánea, como la naturaleza, necesita de unas condiciones de luz y temperatura muy concretas para que puedan producirse. En los pliegues de estas condiciones es donde Celia Macías se mueve como pez en el agua. Ese “no saber muy bien qué es” que propone Wenders es el quid del trabajo de la sevillana: la necesidad del misterio.

El misterio entendido como lo entiende Luis Camnitzer en el primer capítulo del libro colectivo del Grupo de Educación de Matadero Madrid “Ni arte, ni educación” (2017): “Lo que superficialmente llamamos “misterio” no es el milagro congelado que nos entrega el dogma religioso. Tampoco es la representación de la oscuridad impenetrable de lo desconocido. El misterio es lo que nos marca el límite de lo que conocemos. Nos desafía para que desmitifiquemos a ese límite y que así podamos llegar al misterio siguiente.“ Para el artista y docente uruguayo este debe ser la función del arte.

Entender el misterio como necesidad también conecta la fotografía de Macías con su personalidad: astuta, observadora y vividora. Astuta porque no se ha dejado engañar, todos estos años, por las corrientes más fáciles y comerciales de la fotografía artística o comercial (su trabajo es más conocido en el ámbito de la música y en las fotografías promocionales de Rocío Márquez, Niño de Elche, Pony Bravo o Los Voluble siembre ha habido otra mirada, otra forma de desafiar la mirada); Observadora tranquila, que sabe que terminará encontrando las cosas sin la ansiedad a la que nos lleva este día a día, su trabajo, sin ser prolífico es constante y minucioso; Vividora, en la tercera acepción del diccionario “persona que disfruta de los placeres sencillos”, que es capaz de disfrutar ante la adversidad y las complicaciones del trabajo de fotógrafa andaluza. Todas estas cualidades se despliegan en las ferias, en los patios, en las procesiones y en las romerías donde Macías encuentra ciertos patrones que no estaban tan a la vista. Celia Macías nos descubre siempre cosas.

La ausencia de retrato, el asombro por su propia figura (su autorretrato), el archivo infinito, el uso de los espacios entre medias, la fotografía como camino, la revelación de las grietas, las conexiones hacia arriba y hacia abajo, hacia el cielo y hacia la tierra, hacia al azulejo y hacia la yerba son los leit motivs de las obras que construyen esta constelación narrativa que forma “Evasión o Victoria”. Es con tiempo y con cercanía como se ha construido esta colección que hoy se muestra, quizás es así, con cierto grado de contemplación profunda como deben ser consumidas. El juego no defrauda, las instantáneas de Celia Macías se crecen en el tiempo lento. Ahí es donde está la liturgia de sus imágenes.