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El Centro de arte Contemporáneo presenta la primera exposición individual en un museo de Miguel Gómez Losada. En Romanza, comisariada por Fernando Francés, casi una veintena de pinturas de diferentes formatos, muestran su obra más reciente, donde la ficción artística es la auténtica realidad, un ejercicio de evocación y memoria. Como si de un escenario teatral se tratase, el artista perpetra con su pincel una danza pictórica con predilección por lo rural y por las historias íntimas protagonizadas por personajes pensativos, ensimismados y contemplativos. La pureza de sus blancos, que dejan ver el propio soporte, la construcción de las formas a base de gruesas pinceladas y la frescura e intensidad de sus colores, consiguen un inconfundible resultado personal cargado de fuerza poética.

Del 7 de septiembre al 25 de noviembre de 2018

 

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“Esta exposición responde a la idea de una fantasía y algo que me motiva es el antiacademicismo de la fantasía, de la ensoñación, ya que desde las academias o universidades se suele entender que la fantasía no tiene rigor y no se puede aprehender, es algo etéreo que no se puede abarcar”, comenta Gómez Losada sobre Romanza en el CAC Málaga. “Mi pintura es un ritual del paso del tiempo, y por tanto una celebración de la vida, lo mejor de una obra es no saber qué está pasando”.

Para Fernando Francés, director del CAC Málaga, “Gómez Losada es un actor que interpreta un papel ante el lienzo, en un arte eterno, no como una obra de teatro que se desvanece. El artista revive a través de sus pinturas el recuerdo de épocas, momentos, sitios o presencias ya pasadas. A través de su obra, del recuerdo, recupera todo lo acontecido, por eso entiende la pintura como un elemento atemporal, pero que a su vez, recupera el tiempo que se puede considerar perdido, concibiendo así a la propia obra como un relato inacabado”.

Miguel Gómez Losada (Córdoba, 1967) realiza una pintura de época con predilección por lo rural y por los personajes intimistas, absortos en su silencio. Es aquí donde la mujer cobra interés pictórico, debido a que posee un perfil más interesante. Ese “folk” íntimo en femenino encarna mejor el ideal de romanticismo. Pinta historias íntimas protagonizadas por mujeres solas, o mujeres pensativas, absortas en el paisaje, en modo esperanza o nostalgia, dos comportamientos que coinciden en la lejanía. También encarnan lo ideal, lo soñado, el porvenir. El romanticismo es un modo artístico que pertenece a la ficción. En su pintura, el romanticismo no tiene nada que ver con el amor en pareja, es amor en soledad, es una persona soñando, pensativa, amando sola lo que ha de venir.

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La muestra que expone en el CAC Málaga, se titula Romanza, en un sentido abierto, algo que concibe como una forma de estar y sentir el mundo, no como un mensaje. La exposición está compuesta por dieciocho lienzos en su mayoría de gran formato. Pinturas de época con una clara predilección por lo pastoral y por los personajes abstraídos, intimistas y silenciosos conforman el peculiar mundo de Gómez Losada, que al igual que una romanza, desprende un marcado carácter sentimental además de un estilo a su vez melódico y expresivo, como una fantasía romántica.

Campesina (2018) representa a una mujer colosal, de casi dos metros de altura, que gira su rostro hacía un lado, ajena a la mirada del espectador, o quizás avergonzada por su atenta mirada. Su vestido negro parece jugar en su pecho con líneas blancas formando una disimulada hoja. Bajo sus manos, un girasol abierto si está de frente al espectador. En la parte superior derecha, incluso en el propio rostro de la protagonista, Gómez Losada, de forma intencionada, ha dejado al descubierto el lino del soporte, pudiéndose apreciar el color blanco de la capa inferior como algo inacabado, ya que el artista, entiende la pintura como un relato por terminar. Otra obra de las recientes que se exponen por primera vez, es Coral (2018). En ella, dos figuras sobre un fondo verde bastante plano, es interrumpido por las diferentes direcciones que ha tomado el pincel del artista. Las dos hieráticas mujeres parecen ser la misma persona pero en diferentes posturas, aunque este motivo no sea realmente relevante para la obra. Sus extremidades, sobre todo manos y cabezas juegan con la mirada del espectador, pues el artista ha dejado deliberados espacios, incluso en el rostro de tamaño considerable. Pero esto no será razón para no intuir su gesto o que Losada no logre transmitirnos la inquietud, el desasosiego de esta figura, que bajo sus pies, tienen pintada la palabra CORAL. Esta es la única obra de la muestra en la que se incluye texto de forma tan explícita, y es que, a Gómez Losada no le gusta reducir la importancia de la pintura ante la palabra escrita, pero esta obra es un juego de equilibrio entre ambas, realmente ganado por la pintura.

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Otra pareja de campesinas, esta vez con vestidos de inspiración de la cultura portuguesa, es Una noche en São Bento (2018). En esta ocasión, al igual que en La muchacha en la Ventana (1925) de Salvador Dalí, el horizonte y el agua juegan un papel importante en la obra, pues es totalmente protagonista dirigiendo de manera inequívoca la mirada del espectador a un azul infinito que parece el Danubio. Una de ellas, la de la derecha, se encuentra de espaldas, recurso romántico que Gómez Losada ha utilizado en algunas de sus obras, al igual que Caspar David Friedrich en una clara intención de utilizar a un personaje que se interroga ante un destino incierto.

Tanto Carreta (2018) como Pinocho (2018), son de tendencia “folk”, ese romanticismo que se sabe que existe y no se ve, y que es imposible de ver en la ciudad, así, el artista se ha resignado a pensar que el romanticismo reside en lo rural. Pero un mundo rural idealizado, ya que en la actualidad están igual de conectados a las tecnologías que las ciudades. Es un mundo que no existe y de estar en algún lugar estaría en el campo, en las afueras. Estas obras, están relacionadas con lo rural, pero en el sentido de artesanal, realizado con las manos, obras de madera en la que ha intervenido una persona.

En Romanza el artista ha querido realizar una pintura teatral, Gómez Losada se siente como un actor que interpreta un papel ante el lienzo. Para él, existe una similitud de las dos disciplinas, tanto el teatro como la pintura son una cuestión corporal. Suceden sin un intermediario, además, el teatro y la pintura dan la oportunidad de abordar al ser humano y de usarlo como protagonista. Al igual que un escenógrafo, elije a los modelos y también sus ropajes, los ilumina y los fotografía, esas fotografías le ayudan a conseguir la veracidad teatral que quiere para su pintura. Gómez Losada pretende realizar un teatro callado, ya que la pintura es una mímica que permanece.

Así, en La lluvia riega las tierras cultivadas (2018) una mujer ataviada con una falda larga y pesada por sus pliegues, realiza una danza delante de un fondo teatral, cuyas líneas y puntos adivinan un San Jorge. La protagonista parece obedecer también a una súplica al universo, invocando a la lluvia, en una postura universal repetida en todas las religiones. Al artista, le interesa la danza como un registro poético que deja el cuerpo. En contraposición, otra bailarina, en este caso Hemos visto una estrella (2018) que con un vestido en esta ocasión rojo que podría considerarse de estilo años 20, parece bailar con la misma solemnidad que la figura femenina de La lluvia riega las tierras cultivadas (2018).

Cuando el artista residía en Sevilla, comienza a trabajar con modelos femeninos de la Escuela de Arte Dramático, con los que desarrolla un ciclo de desnudos. Cuida mucho la iluminación de la escena, fotografía las distintas composiciones, obteniendo una serie de pinturas timbradas por el contraste de luces y sombras. Pinturas de la ficción y de la fantasía, de la impostación y la representación. Apariciones, iluminaciones, símbolos, suspendidos flotando en una atmósfera casi monocromática. En Romanza, el pintor realiza este estudio del cuerpo de la mujer, desde la perspectiva de la eternidad, tratándolas como diosas, no con connotaciones eróticas. Sus poses son de esculturas grecolatinas o clásicas, donde realiza un claro acercamiento al cuerpo humano, entendido como vehículo para acercarse a la eternidad, a la atemporalidad. Así, deben destacarse las obras en las que aparecen figuras femeninas desnudas: Doce nuevas lunas aparecen (2016),  Alegre Alabanza (2016) y Celestial (2016). Todas ellas aparecen acompañadas por la misma figura pero con diferente postura, están realizando una danza extraña, consiguiendo así ganar en evocación y dejando el relato abierto.

En el caso de la enigmática Alejandría (2017) el artista ha conseguido convertir el cuerpo femenino en una escultura clásica. Como la célebre Venus de Milo, la figura se yergue con sus brazos hacia atrás, mientras dirige su mirada hacia abajo. Aparentemente, en una primera observación de la obra, el espectador verá motivos barrocos como de alfombra tanto en el fondo como en el suelo de la habitación, y la mujer/escultura sola, pero en una segunda reflexión de la obra, se percatará de dos figuras femeninas en el suelo, que a cada lado, parecen escoltar a su protagonista. Por otra parte, Marcial y Rosa (2017) (nombres de los padres del artista) muestran otra actriz en este caso vestida, pero con un atuendo ceñido y líneas geométricas en su cuerpo, ésta, parece estar a punto de lanzar una flecha invisible. La última obra con una recreación paisajística metafórica como fondo de teatro, es Tempo de Minué (2016). El minué es una danza barroca, de corta duración, escrita en compás de tres cuartos, que fue introducido en la corte de Luis XIV en el siglo XVII y se extendió por Europa, donde compusieron minués músicos como Johann Sebastian Bach Wolfgang Amadeus Mozart o Ludwig van Beethoven. En la obra, una mujer en el centro de la misma realiza la danza, mostrando el delicado vestido negro que lleva para la ocasión.

Sobre un fondo verde grisáceo se encuentran cuatro obras a modo de actoral. Al observar todos en conjunto, el espectador podrá terminar la obra de teatro en la imaginación: Cisne Black Swan (2017), Orquídea (2017), Serrana (2017) y Flor de la montaña (2017). En el teatro dadá y surrealista, la vestimenta está acompañada de figuras extrañas o geometría. Por eso la figura femenina ambigua de Cisne Black Swan (2017), aparece con una vestimenta dadá con mezcla velazqueña de negro y rojo. La posición de sus manos recuerdan a un cisne negro. Por otro lado Serrana (2017), presenta a una mujer, una especie de ama de llaves de un castillo, con nariz mitad pájaro/mujer. La actriz, es tan severa como una institutriz de un internado, con matices de serie de teatro inglés. En el fondo, unas letras que no componen ninguna palabra y no se entienden bien, parecen un idioma inventado. Las palabras en ocasiones pueden complementar la imagen, pero Gómez Losada no quiere este efecto, no quiere que la obra se convierta en una ilustración, quiere que el espectador se pierda en la obra. Por otra parte, en Orquídea (2017), una mujer ataviada con ropas de formas geométricas, se sitúa también en medio de la composición portando una especie de bolso. Y por último, en Flor de la montaña (2017), el último actor, tiene una pose forzada, con una mano sobre su cintura y otra en el aire, como si tratara de posarla sobre algo que el espectador no puede ver.

La obra de mayor tamaño, El Rito (2018), de casi diez metros, muestra a siete mujeres a modo de friso. Sobre un fondo amarillo en el que se advierten figuras (un gato, un pájaro, figuras femeninas, una torre de un castillo, árboles…), irán perdiendo fuerza de izquierda a derecha, donde solo quedarán unas líneas onduladas en su final. Como cariátides imponentes, las figuras se han dispuesto de tal manera que en el centro, el sol está de frente, y como una virgen, alza las manos a la altura de sus hombros, extendidas hacia los lados y con los codos plegados. Todas ellas visten de negro, con una ropa que recuerda a la típica rupestre andaluza, como si una representación de La Casa de Bernarda Alba se tratase. Gómez Losada es creyente de lo sobrenatural, de lo espiritual, de esas pequeñas señales de la naturaleza que no podemos explicar, pero que con su pintura trata de responder. Invoca con su obra un plano espiritual, dentro de la ficción poética.

El trabajo de Gómez Losada escapa a la realidad, es pura ficción, no le interesa usar la pintura para explicar las vivencias actuales. El artista aspira a hacer una pintura donde no se sepa qué ocurre, como no se sabe qué piensa alguien en silencio, siendo su sola presencia lo que nos conmueve. De ahí que la estrecha relación de su trabajo con la danza o el teatro, donde la postura del personaje es directamente, lenguaje. Para Gómez Losada la pintura es un lenguaje del cuerpo. Las imponentes figuras de las mujeres en El Rito (2018) son atemporales y eternas, dentro de una frecuencia baja, muestran leves giros de cabeza o del cuerpo, casi imperceptibles. Parte de la finalidad del artista consiste en que la pintura le ponga “carne a la quietud, al silencio y a la vista perdida”. En la actualidad, en este mundo donde imperan las nuevas tecnologías y redes sociales colmadas de palabras, la pintura, en su calidad de lenguaje mudo, tiene más que nunca su razón de ser, y Romanza en el CAC Málaga es un ejemplo de ello.

Miguel Gómez Losada es Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla en 1992, especialidad de pintura. Vive y trabaja en Madrid. Ha realizado numerosas exposiciones individuales: Desde aquí se ven los delfines, Fundación Antonio Gala, Córdoba (2018); Palo Tambor, Galería Yusto/Giner, Marbella (2016); Una historia rusa, Galería Yusto / Giner, Marbella (2014); Ensamble (Con Juan Serrano), Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba (2012); Atlas Nocturna, Mural en la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba (2011), etc. Además, ha participado en diversas exposiciones colectivas y ferias de arte: Paisaje, Museo de Genalguacil (2018); World Neighbours, Colección CAC Málaga en Fund. Valentín de Madariaga, Sevilla (2018); Feria Estampa. Galería Yusto / Giner (2017); Art Copenhagen, Galería Yusto / Giner (2016), entre otros.

Descargue la hoja de sala en español e inglés aquí.

 

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